Yayo Herrero, director de la película 'Los Quinquis': “Quiero hacer una película actual pero con guiños al pasado, porque las cosas han cambiado, pero tampoco tanto”

Yayo Herrero, director de la película 'Los Quinquis': “Quiero hacer una película actual pero con guiños al pasado, porque las cosas han cambiado, pero tampoco tanto”

30 Junio 2020

Yayo Herrero, cineasta, y Mintxo Díaz, productor de Dynamite Films, nos hablan de su participación en La Incubadora (The Screen) y del proyecto que tienen entre manos, 'Los Quinquis', una película que muestra la visión íntima y cercana del director a través de historias de varios delincuentes de los extrarradios españoles. Con la autenticidad como premisa, busca realizar un film actual “pero con guiños al pasado, porque las cosas han cambiado, pero tampoco tanto”.

¿Cómo nació la idea?

Yayo Herrero (Y.H.): Ha pasado tiempo desde que tuve la idea. Hice la primera película en 2017, y después me empecé a plantear qué proyectos abordar. Me encontré en una encrucijada, porque todos los proyectos que he realizado, tanto los cortos como la primera película, han sido sobre temáticas muy alejadas de lo que es mi entorno más cercano, incluso de España. Entre mis cortos, uno era en un instituto americano y otro en los Balcanes. De hecho, mi primera película transcurrió en los Balcanes, y cuando la acabé sentí que había cerrado un ciclo y que me apetecía abordar temáticas que tuviese un poco más cerca y más ligadas a lo que he vivido. Me planteé hacer una historia en torno al mundo quinqui, ya que, aunque no coincide con mi experiencia directa, mi padre fue fiscal en una prisión en Oviedo en los años 80 y 90, y él sí que trataba con estas personas. De hecho, sus familias venían habitualmente a visitarnos a casa para pedir ayuda a mi padre e intentar rebajar las penas de sus familiares.

Vivimos situaciones bastante peculiares, porque algunos sí conseguían que se revisaran sus penas, pero otros no, y se enfadaban. Mi hermano gemelo y yo éramos pequeños y fuimos testigo de estas experiencias, a las que se suman las vivencias que tuvo mi generación, en esos años 80 y 90. Soy del 79, y con 11 o 12 años viví los últimos coletazos de la heroína. Es un mundo que durante mi adolescencia me generó mucho respeto. Quería alejarme y marcar distancia; me daba mal rollo. En los últimos años, especialmente desde que falleció mi padre, me apetecía volver a esa temática; me he reconciliado con ella. Nunca he sido fan del "cine quinqui", pero en los últimos 10 años me ha empezado a tirar mucho.

¿En este primer tramo del proyecto te has acordado de alguna película mítica de aquellos años?

Y.H.: Sí, hay una muy mítica, ‘Deprisa, deprisa’, de Carlos Saura, que me ha recordado a la gente que venía a mi casa. Incluso el protagonista se parece mucho a un chico que nos visitaba. Creo que es una peli brutal, que tiene un planteamiento musical muy fuerte y, de alguna manera, mi peli le debe mucho a aquella. Yo llevo mi historia a la actualidad, porque volver a los 80 no me interesa. Quiero hacer una película actual pero con guiños al pasado, porque las cosas han cambiado, pero tampoco tanto.

¿Qué viene a aportar este largometraje?

Y.H.: He recopilado historias que he ido leyendo, y algunas también las mezclo con experiencias que me contaba mi padre de gente que estaba en las prisiones. Creo que mi aportación llega desde una perspectiva íntima; cuento una historia sobre los quinquis a través de los ojos de dos gemelos. Me acerco desde un punto de vista personal e íntimo; no es una peli hiperrealista.

¿Por qué decidisteis en Dynamite Films apostar por ‘Los Quinquis’?

Mintxo Díaz (M.D.): Entre los proyectos que barajaba Yayo, vimos la oportunidad de apostar por este. La historia será un ‘revival’ de aquello que en su día fue un boom, y creo que puede funcionar. Además, estamos conociendo varios proyectos que también van en esa línea y parece que puede resurgir el género, por lo que creo que es interesante sumarnos a este momento. Por otra parte, la trayectoria que está teniendo la película nos va avalando: estuvimos en Torino Film Lab el año pasado, y ahora hemos entrado en La Incubadora.

Y.H.: Lo bonito de hacerlo con Dynamite Films es que, como es una productora familiar, en la que mis socios son mi hermano gemelo y mi primo, es el mejor equipo que puedo tener para contar una historia así. Y estamos siempre abiertos a que el proyecto crezca y a coproducirlo con más gente. Para mí era muy importante que el punto de partida fuera íntimo, tanto en lo artístico como en la producción.

M.D.: Siempre intentamos apostar por cierta libertad creativa en cada proyecto. Por eso, lo mejor suele ser empezar a desarrollarlo nosotros. Luego ya, poco a poco, vemos dónde lo posicionamos. Pero como dice Yayo, si el proyecto se dimensiona, lógicamente buscaremos aquello que nos haga crecer al máximo, para crear la mejor película posible.

En una producción de este tipo, ¿cuál puede ser la mayor dificultad a la que podéis enfrentaros?

Y.H.: Artísticamente, por un lado, está el casting, que es fundamental porque tiene que ser lo más auténtico posible. Cuando hablo de auténtico no hablo de una peli hiperrealista; busco contar una historia desde una perspectiva súper personal, pero tiene que ser muy creíble. El punto y la gracia es contar con personajes reales que se interpreten a sí mismos. Yo creo que uno de los grandes retos de la peli es ese, encontrar a los actores. Tengo un guion que ya está en la sexta versión; está muy trabajado, pero estoy seguro de que, en cuanto encontremos a actores de la calle, habrá que seguir reescribiéndolo. Buscaré trabajar con gente de la calle, que no sean profesionales.

¿Cómo se está dando el desarrollo del film? ¿Qué barreras o dificultades estáis encontrando?

M.D.: En cualquier proyecto de este tipo surgen problemas. A día de hoy, ya nos hemos encontrado con la primera barrera: hemos permanecido dos meses encerrados en casa sin poder hacer muchas cosas. Pero lo cierto es que estamos contentos. En La Incubadora, Yayo está trabajando, en el aspecto creativo, con Nacho Vigalondo, que se ha convertido en un gran apoyo para que el proyecto crezca. De hecho, el guion, de la versión anterior a esta, ha madurado muchísimo. En cuanto a producción, contamos con Marisa Fernández Armenteros, de Mediapro, que también nos está ayudando mucho. ¿Problemas? Los de siempre. Tenemos que ver cómo financiar la película y prevemos empezar el casting este verano. Tendremos que lidiar con todos estos protocolos y ver qué pasa de aquí a un año, cuando empecemos a rodar.

Y.H.: Yo creo que uno de los grandes desafíos es conseguir el dinero, o lograr partners que entiendan el proyecto. La clave es encontrar a los socios adecuados que lo sepan comprender.

M.D.: A nivel de producción, uno de los retos que se nos presenta es el combinar esa autenticidad que buscamos con un desarrollo atractivo, entretenido, que sea apetecible para el espectador de a pie.

¿Qué ha supuesto vuestro paso por La Incubadora? ¿Qué relación habéis tenido con vuestros mentores?

M.D.: Hace poco, por ejemplo, nos hemos presentado a unas convocatorias de Europa Creativa, y Marisa me ha ayudado a sintetizar, a ver ciertas cosas que necesitamos tener en cuenta, así como a reflexionar sobre cómo se va a comercializar la película y sobre el perfil de la audiencia, entre otras cuestiones. Es un proceso de trabajo que, a nivel de producción, te ayuda a anticiparte a muchas cosas que te van a llegar. Le dedicas tiempo y, además, tienes una guía y un equipo que te apoya. Marisa es encantadora, pero también te habla de manera muy directa, cosa que yo agradezco porque está bien que te den una collejita de vez en cuando, si realmente la mereces.

Y.H.: ¡Nacho es un crack! He pasado por muchos workshops en los que revisan tu guion y te transmiten las impresiones, o te señalan sus dudas respecto tu proyecto, pero no te aportan soluciones, te las tienes que buscar tú. Lo bueno de trabajar con un creador como Nacho es que te dice lo que necesitas, te aporta. Cualquier crítica que haga –que realmente no son críticas, sino aportaciones– es siempre desde el respeto, porque él sabe lo que es escribir un guion. Es muy importante, cuando hablas con un creador, cuidar las palabras que utilizas, no por tener tacto, sino por sacar lo mejor de él. Yo estoy muy abierto a la crítica, no me importa, pero he trabajado con gente que, en cuanto le tocas una coma, te salta. Por ello, hay que ser muy cuidadoso. Empecé con la tercera versión del guion y ya estoy con la sexta, y no he protestado nada. Todas las ideas que me han propuesto las he cogido; no solo las de Nacho, sino también las de Marisa y Mintxo.

¿De qué manera ha afectado la pandemia a este proceso de enriquecimiento del proyecto?

Y.H.: Mucha gente me dijo: “tú no te quejarás, porque sigues escribiendo en casa”. Por un lado sí, pero también es verdad que no siempre es ponerse a escribir y que te salga todo directo; se necesita un proceso en el que escribes y luego lo dejas y haces otra cosa para después volver a revisarlo… Para mí escribir es como quien hace una escultura; es pulir, pulir y pulir, y leer y releer. Y necesité un tiempo de adaptación para seguir trabajando en el nuevo escenario marcado por la pandemia. 

John Cleese, el de los Monty Python, decía que a un guion o a algo creativo es imposible sacarle fruto durante más de dos horas. Eso no significa que al día solo trabajes dos horas, sino que igual trabajas dos horas, luego rompes esa rutina con otra cosa y más tarde retomas el trabajo. Yo normalmente hago tres turnos para sacar el máximo rendimiento a la jornada. El problema con la pandemia ha sido que estábamos encerrados, y no por mucho estar delante del ordenador vas a adelantar más el trabajo.

M.D.: Por otra parte, se pararon los procesos administrativos de las convocatorias de ayudas, y tenemos que ver cómo nos va a impactar el parón en el presupuesto y en los plazos de ejecución del proyecto. Va a afectar a muchos aspectos, y no sabemos cómo ni cuánto.

¿Pensáis que La Incubadora os ha abierto puertas de cara a futuras coproducciones?

Y.H.: Yo creo que sí; es importante para hacer sólida la presencia de la productora. Para mí, el objetivo de este proyecto es o que nosotros consigamos el dinero o asociarnos con una productora más grande que entienda la película y respete también la visión de Dynamite Films.

M.D.: La Incubadora también te da mucha visibilidad. Entrar en un programa como este es muy complicado. Al final, de los 200 proyectos presentados solo entran cinco, por lo que ser elegido te pone en el punto de mira de los productores interesados.

Y.H.: Gracias a La Incubadora, el proyecto existe socialmente, que no es poca cosa. Vivimos tiempos en los que todo es un cajón de sastre; se realizan un montón de películas, pero es muy difícil que se conozcan, que se vean en los medios, que tengan presencia. Mi primera peli la hice con participación de Netflix, y estuve encantado, pero el eco que tuvo no es como el que logras cuando la estrenas en cines. No es ni mejor ni peor, es diferente. Porque, por un lado, has hecho la peli, la has asegurado, pero, por otro lado, las cintas que van al cine y están un tiempo en las salas son más conocidas en la sociedad.

¿Cuáles son los siguientes pasos que tiene que dar el proyecto?

M.D.: Siguiendo un calendario lógico, nos planteamos rodar el próximo verano. Estamos terminando de establecer la versión definitiva del guion y empezando a desarrollar la estrategia de financiación. En los próximos meses también nos involucraremos en el casting y empezaremos con un trabajo más exhaustivo de localización. Además, nos plantearemos si hacer un teaser de presentación del proyecto a finales de verano, aunque va a depender de cómo transcurre todo, y ya en otoño empezaremos a presentárselo a televisiones y a buscar un coproductor.

¿Tenéis otros proyecto entre manos?

Y.H.: Yo tengo dos más. Un cineasta no puede permitirse estar trabajando en un solo proyecto. Pero están en desarrollo y no puedo dar muchos detalles.

M.D.: Ahora mismo estamos en postproducción de un documental que esperamos terminar este verano y que trata sobre un antiguo jugador de baloncesto bosnio, Mirza Delibasic. Le tocó vivir éxitos y derrotas de todo tipo, desde ganarlo todo a tener que dejar su carrera a los 29 años, en lo más alto, por un derrame cerebral; y luego vivir la guerra… También tenemos entre manos un corto de animación, y queremos meternos en otro proyecto de largometraje.