“Participar en La Incubadora es un regalo; supone un antes y un después”

“Participar en La Incubadora es un regalo; supone un antes y un después”

27 Mayo 2020

Tras haber sido elegidas para participar en The Screen, hablamos sobre la película ’20.000 especies de abejas’ con Estibaliz Urresola Solaguren, su directora, y Lara Izagirre, su productora. Con ellas realizamos un repaso del estado del proyecto, de su participación en la mentoría y de los planes que tienen de cara al futuro.

ZINEUSKADI: ¿Cómo nació la idea?

Estibaliz Urresola (E.U.): Yo estaba iniciando una residencia artística convocada por Gariza Films que se llamaba ‘Una habitación propia’ con la idea de desarrollar un proyecto documental. Pero muy al principio conocimos el suceso del suicidio de Ekai, el niño transgénero de Ondarroa, y la verdad es que fue algo que me impresionó muchísimo y que me tuvo bastantes días impactada, especialmente cuando leí la carta que escribió su aita en los medios. Me animé a contactar con la asociación Naizen, que anteriormente era Chrysallis Euskal Herria, y me adentré en esta realidad que era bastante desconocida para mí. Le planteé a Lara si podíamos cambiar un poco el rumbo del proyecto que estábamos realizando en la residencia para llevarlo más hacia la historia de una familia que tiene que confrontar el momento de vivir la transexualidad de su hijo. No es un trabajo basado en la historia de Ekai; en realidad es una historia original pero muy basada en los relatos y las entrevistas que he tenido con más de una decena de padres y madres de la asociación. En mis trabajos, cuando hago ficción, me documento mucho, y cuando hago documental, utilizo muchas herramientas de la ficción.

¿Cuál fue la clave para que Gariza Films decidiera embarcarse en esta aventura?

Lara Izagirre (L.I.): La residencia artística tenía como objetivo activar proyectos creados por mujeres. En un principio no estaba decidido que fuéramos a producir los trabajos que salieran, porque la verdad es que somos una productora pequeña y desarrollamos pocos proyectos. La decisión ha llegado más tarde. Esti acabó la residencia con una versión del guion y luego ella sola ha estado desarrollándolo durante un año y medio. Para presentarnos a La Incubadora nos volvimos a juntar; es una opción que a mí, personalmente, me parece un regalo. A nivel estatal, creo que es la mejor. Cuando Gemma nos hizo una última entrevista para saber si íbamos en serio o no, lo tomé como una señal divina, porque es muy difícil que te escojan: se presentan 200 proyectos o más, y solo eligen cinco. Nosotros en Gariza Films habíamos quedado dos veces finalistas, y cuando vi que había un interés mayor, porque nunca había llegado a la última entrevista, pensé que nos iban a coger. Le dije a Esti que esta podía ser mi primera película como productora principal.

Esti, declaraste en su día que ’20.000 especies de abejas’ «no será solo una película sobre transexualidad infantil. Va más allá». ¿Qué viene a aportar este largometraje?

E. U.: Me da la sensación de que la mayoría de las películas sobre transexualidad infantil están narradas desde una primera persona muy fuerte; son como un seguimiento del personaje. Quise ser honesta con mi postura frente a esta realidad, porque yo no lo he vivido ni en primera persona ni por un caso cercano, y siento que conecto mucho con esa emoción que pueda sentir el resto de la familia. Por eso me interesaba mucho reflejarlo. No dejo de lado a uno de los personajes principales, Lucía, esta niña transexual, pero también me parecía fundamental no perder de vista al resto de componentes familiares e ir viendo un poco cómo es el viaje que hace cada uno de ellos. La transexualidad no deja de ser una cuestión relacionada con la identidad y necesidad que tenemos todos y todas de ser reconocidos y queridos por lo que somos. En el fondo, eso mismo es lo que le puede pasar al resto de los familiares, que mientras no sean reconocidos como lo que realmente son dentro de la familia van a experimentar la soledad. Ahí es donde nos iguala esta historia. Lo que quiero decir con que no se centra exclusivamente en el tema de la transexualidad es que al final es una búsqueda de una identidad y su reconocimiento dentro de la familia. Están todos interrelacionados y los movimientos que inicia uno afectan al resto también. 

¿Cómo se está dando el desarrollo del film? ¿Qué barreras y qué facilidades habéis encontrado en el camino?

L.I.: Es un proyecto que desde el inicio genera interés y que está siendo apoyado por las entidades y programas a los que lo presentamos. Ha recibido la ayuda de Gobierno Vasco, La Incubadora, DAMA, Noka, Zineuskadi… El proyecto, en la fase de desarrollo, está en plena forma. Es una suerte y un placer para nosotras, desde la productora, tener un trabajo que es fuerte y que genera mucho interés. Estamos cerca de tener la versión final del guion, hemos hecho agenda y creemos que, si todo va bien, iremos a rodaje en 2022. Yo creo que nos va a dar tiempo de llegar muy fuertes, muy bien preparadas; tengo mucha confianza.

E.U.: Hace dos años y medio aproximadamente que empezó el germen de este proyecto, y desde entonces es como una travesía; sufres muchos cambios. Arranqué con confianza con la residencia artística, porque sentí mucho apoyo. Luego, cuando sales, te quedas sola y seguir desarrollando el proyecto te sume en noches oscuras donde afloran todos los miedos. Yo también llevaba tiempo pensando en la posibilidad de crear mi propia productora para desarrollarlos. En ese tiempo también me presenté a Noka, donde fui seleccionada y, durante 6 meses, tuve la gran oportunidad de contar con mentorías tanto de guion y dirección como de producción y distribución. En 2019 fue cuando me decidí a montar la productora con toda la alegría y los miedos que ello conlleva. Posteriormente, conseguí la ayuda a desarrollo de la Diputación de Álava, y eso también fue como un impulso de confianza para seguir trabajando en el proyecto. Gracias a ese tiempo pude escribir la versión que finalmente presentamos a The Screen, con la que nos seleccionaron. A lo largo de este tiempo he encontrado muchas barreras, pero como ha comentado Lara, también muchos apoyos sin los cuales igual no hubiéramos podido continuar.

¿Qué supone para vosotras haber pasado por La Incubadora?​

L.I.:Yo ya tenía las expectativas muy altas, y la verdad es que las está superando. Es como un máster profesional; me ayuda a dar el último paso para entender la industria. Los mentores son gente que saben mucho y muy generosos; comparten mucha información a la que desde otro lugar es difícil de acceder. Se trata de algo muy importante tanto para el proyecto como para mí, porque estoy aprendiendo mucho. Yo creo que es como un antes y un después. Cuando supimos que nos habían elegido llamé a Leire Apellaniz, que participó el año anterior, y me dijo que es un regalo, que lo aprovechemos. Me quedo con eso, con que La Incubadora ha sido un regalo para mí y para el proyecto.

E.U.: En mi caso también supone un antes y un después, pasas de estar sola impulsando el proyecto en Sirimiri Films a contar con el apoyo de Gariza Films y consolidar una producción. Empiezas a sentir que estás más cerca que nunca de poder realizarlo. Además, conocer el resto de proyectos que han sido seleccionados es muy bonito, aunque solo tuvimos la oportunidad de compartir un día presencialmente. Justo fue una de las sesiones que más me apetecía tener, ya que pudimos opinar, reflexionar y analizar los guiones de nuestros compañeros. Fue muy interesante, porque te das cuenta de cómo lo ve cada uno; es muy enriquecedor. Ana Sanz Magallón dinamizó la sesión y estuvo muy bien. También hay que admitir que ganas mucho foco mediático, porque desde que fuimos seleccionadas estamos teniendo un montón de entrevistas con medios, e incluso llamadas de productoras para interesarse por el estado del proyecto.

Habéis contado con la experiencia de mentores de la talla de Sandra Tapia, Pablo Berger, Neús Ballús, Nacho Vigalondo, Emma Lustres y Marisa Fernández Armenteros. ¿Cómo habéis podido avanzar en este contexto que nos ha dejado el COVID-19?

L.I.: Nuestra mentora en producción es Emma Lustres, y creo que lo más interesante que nos aporta ella es una visión completamente diferente, que sirve para ampliar un poco la mirada, para ver que no todo es lo que tú crees ni se ven las cosas como tú piensas. Compruebas que leyendo un mismo guion se pueden visualizar proyectos muy diferentes. Se trata de un aprendizaje súper importante; esa mirada que tiene ella es muy interesante. También toda su experiencia, lo que nos cuenta, los consejos que nos da son muy útiles.

E.U.: Una de las mayores penas  es que la crisis sanitaria nos ha obligado a trabajar de otra forma, porque al tener que hacer las clases online se pierde un poco el networking, que era una de las cosas más valiosas e importantes que nos ofrecía. Nos parecen muy interesantes los dos perfiles tan diferentes que nos han puesto como mentoras, ya que Emma Lustres viene de unos formatos que no tienen nada que ver con los que trabaja Neús Ballús como directora. Tener el punto de vista de ambas sobre nuestro proyecto nos da un abanico de opiniones y visiones para realizar un mismo guion. También es un testeo, me obliga a darme cuenta de lo que sí y de lo que no. Yo misma me voy reafirmando en cosas y descartando otras.

¿Se os han abierto puertas a futuras coproducciones?

E.U.: De entrada tienes acceso más o menos sencillo a otros foros de coproducción donde tal vez encontrar esas nuevas relaciones. La Incubadora tiene convenios con otros mercados y foros en los que a nosotras nos interesa muchísimo estar, y quizá por estar aquí podemos llegar mejor preparadas y aprovecharlos mejor.

L.I.: Yo creo que La Incubadora directamente te hace un hueco dentro de la industria. Somos uno de los proyectos elegidos por ellos, y como lo están haciendo bien desde la primera edición, la gente que quiere producir pone especial atención a estos trabajos. Es importante, porque llegar a estar ahí, en el foco, es muy difícil. Sí que creo que vamos a tener más oportunidades, o las mismas, pero que van a llegar más rápido.

En tu caso, Lara, ¿cómo se compagina el trabajo de directora y guionista de un proyecto propio como ‘Nora’ con la producción de un trabajo ajeno?

L.I.: Creo que ha cuadrado todo bien. Estamos casi terminado ‘Nora’, que la grabamos el verano pasado, por suerte. Y entonces se puede compaginar bien, porque ahora el trabajo gordo es de Esti, que está escribiendo y desarrollando todo y nosotras, desde la productora, le estamos acompañando. Pero no hemos entrado todavía en la parte más fuerte, como es el inicio de la búsqueda de financiación, que sería ya una vez estrenada mi película. Además, en la productora también están Itxaso Espinal y Garazi Elorza, y entre todas nos podemos organizar bien para apoyarnos. De momento no hay ningún problema. Habrá momentos en los que tendremos un mayor flujo de trabajo, pero los tiempos van a favor.

¿Cuáles son los siguientes pasos que le esperan ahora a la película?

E.U.: Lo lógico sería terminar el guion y obtener la ayuda de desarrollo del Gobierno Vasco, lo que nos daría opción a hacer búsqueda de localizaciones, casting… que será una de las cosas más delicadas porque te puede llevar muchos meses. Hay que medir mucho cuando empiezas a buscar y a rodar, porque necesitamos encontrar una niña de 7 años.

¿Cómo ha afectado el Covid-19 al desarrollo de la película?

L.I.: Yo creo que nos han entrado más dudas sobre el futuro de lo audiovisual en general y sobre el proyecto, pero seguimos trabajando. Posteriormente no sabemos cómo serán las cosas a nivel de subvenciones, rodajes…

E.U.: Es inquietante, porque como es la primera vez que vivimos algo así; no tenemos ni idea de cómo puede afectar esto. Igual estamos a las puertas de una reinvención total y absoluta del cine. Todo ello me genera inquietud.

¿Tienes algún otro proyecto entre manos?

L.I.: ‘Nora’, mi segunda película. Tenemos pocas novedades, ya que por el COVID-19 nadie sabe qué va a ocurrir. Igual en otro momento sí que tendríamos una fecha de estreno, sabríamos en cuántas salas se proyectaría… pero ahora hay una pausa muy respetuosa entre todos. Nos gustaría estrenar en el Donostia Zinemaldia, y creo que va a pasar, pero no sabemos cómo. Tengo claro que me gustaría ir a las salas de cine; sería un gran sacrificio para mí tener que llevar la película directamente a las plataformas digitales. Creo que es un film de disfrutar en las salas. Estamos muy contentos con el trabajo realizado. Las opiniones que estamos recibiendo son muy buenas y nos parece que tenemos un gran producto. Me dicen que los actores están muy bien, que la actriz, Ane Picaza, es un descubrimiento, y eso me hace muy feliz.

E.U.: Hemos producido el primer corto de Sirimiri Films, mi cuarto trabajo, ‘Polvos somos’. Había obtenido ayuda del Gobierno Vasco y de la Diputación de Álava, y justo terminamos de rodarlo una semana antes de que se decretara el confinamiento. Para mí, una productora recién nacida, fue como un suspiro importante, porque, sino, toda la labor de preproducción del corto hubiera sido insostenible. Ahora se está reactivando la posproducción poco a poco. Contamos con el protagonismo de Klara Badiola, Itziar Aizpuru, Jone Laspiur y Goize Blanco, y con ellas hago un retrato de una familia de cuatro mujeres que viven un fin de semana un tanto siniestro pero a la vez entrañable.